14.11.06

«Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno»

Entrevista a Marcola, jefe de la banda carcelaria de San Pablo (Brasil), denominada Primer Comando de la Capital (PCC)

O Globo (Brasil) / RECOSUR

El 23 de mayo de este año, el diario O Globo de Brasil en su Editorial Segundo Cuaderno, publicó una "Entrevista a Marcola del PCC". Él es Marcos Camacho, jefe de la banda carcelaria de San Pablo denominada Primer Comando de la Capital (PCC), que durante este año ha provocado numerosos actos de vandalismo en esa ciudad y alrededores. La siguiente es la traducción textual del reportaje.

-¿Usted es del PCC?
-Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnostico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía... ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre "la belleza de esas montañas al amanecer", esas cosas... Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social ¿Vio? Yo soy culto. Leo al Dante en la prisión.

-Pero la solución sería...
-¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de "solución" ya es un error. ¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una "tiranía esclarecida" que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. ¿O usted cree que los chupasangres (sanguessugas) no van a actuar? Si se descuida van a robar hasta al PCC. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal del país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta "conference calls" entre presidiarios...) Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.

-¿Usted no tiene miedo de morir?
-Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva "especie", ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común ¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja...! Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo al Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. ¿Ustedes no escuchan las grabaciones hechas "con autorización" de la justicia? Es eso. Es otra lengua. Está delante de una especie de post miseria. Eso. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio.

-¿Qué cambió en las periferias?
-Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio... ¿Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y "colocado en el microondas". Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en "super stars" del crimen Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos "globales". Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros "clientes". Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos.

-¿Pero, qué debemos hacer?
-Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a "los barones del polvo" (cocaína)! Hay diputados, senadores, hay generales, hay hasta ex presidentes del Paraguay en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata? No tienen dinero ni para comida de los reclutas. El país está quebrado, sustentando un estado muerto con intereses del 20 % al año, y Lula todavía aumenta los gastos públicos, empleando 40 mil sinvergüenzas. ¿El ejército irá a luchar contra el PCC? Estoy leyendo Klausewitz "Sobre la Guerra". No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros... solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva?

-Pero... ¿No habrá una solución?
-Ustedes sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la "normalidad". No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: "Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno".

5.11.06

La corrupción del ladrillo en España

Carlos Girbau

29/10/06

La corrupción urbanística nos inunda. Se trata de una macha que extiende su huella por toda la geografía española dejando trazas en todos los colores del arco parlamentario, aunque no lo hace por igual, ni de la misma manera. Poco importa que sea Ciempozuelos en Madrid o Marbella en Málaga, todo huele mal.

Izquierda Unida tuvo un caso en Camas (Sevilla) que acabó con la expulsión inmediata del imputado. Pero el quehacer diario de IU no se caracteriza por casos como los de Camas, sino por su contrario: el importante número de denuncias que contra la corrupción y los pelotazos urbanísticos que hace llegar a la opinión pública (Seseña, Morata, etc).

A pesar de los esfuerzos de cierta prensa, tampoco PSOE y PP son iguales. El PSOE tiene cargos públicos (alcaldes, concejales y hasta diputados) entre las filas de los sobornados. Pero el PP debe sumar a su “cuota” de sobornados, la de los sobornadores. Se ha demostrado que estos últimos tienen conexiones en la inmensa mayoría de casos con el PP (recordemos el Tamayazo en Madrid). Corruptores y corruptos son las dos necesarias caras de esta moneda ladrillista.

Es la derecha el principal foco de generación de la corrupción y sus principales beneficiarios. Como dirían los clásicos: “son los poseedores de los medios de producción”. Lo son en lo político, al permitirles la corrupción desprestigiar la gestión y el trabajo institucional de la izquierda. Lo son en lo económico, puesto que las compras de votos y cargos favorece el desarrollo de sus negocios, haciéndoles, así, más y más ricos.


EL DESAFUERO

En 1998 el Partido Popular transformó en urbanizable todo el suelo y cambió los criterios que regían las expropiaciones forzosas. A partir de esa fecha, los terrenos a expropiar dejaron de pagarse por el precio que tenían, para pasar a tasarse en función del valor esperado en caso de urbanizarse. Esa decisión se dio en un marco en el que ya una parte fundamental, desde el punto de vista del negocio, del suelo era privada. Por lo tanto, la medida reforzó las operaciones de compra de todo tipo de suelo, y con ello, su concentración en menos manos. Los cambios en la ley abrieron la puerta a inmensos beneficios. Ganar muchísimo dinero se hizo (para algunos) más fácil y posible, a condición de saber o de condicionar cuándo, cómo y dónde había y hay que deshacerse de los lotes. Los principales capitales del país, con los bancos y las grandes constructoras a la cabeza, destinan desde entonces crecientes recursos a la adquisición de todo tipo de suelo. Se calcula que el 70% de las grandes fortunas están invertidas en ladrillo.

Tales cambios trajeron consigo otros, por ejemplo, la “necesidad” del soborno. Pensemos por ejemplo que, en este contexto, lograr que el AVE pase por Guadalajara de una manera concreta o de otra equivale a “realizar un beneficio” de miles de millones.


EL MODELO DE CRECIMIENTO

El “desarrollo” del último decenio se basa especialmente en la construcción. En nuestro país (44 millones de habitantes) se construye cada año más vivienda que en Francia, Inglaterra y Alemania juntas (240 millones de habitantes). “Levantar casas” tira del PIB hacia arriba, pero lo hace de una manera determinada, y por varias razones. El modelo empieza ya a dar síntomas de agotamiento, pero sigue siendo la clave para entender el “milagro español”, su capacidad de generar empleo y absorber mano de obra inmigrante.

Los puestos de trabajo creados gracias a este modelo se basan en la precariedad de una mano de obra usada de manera muy intensiva y con bajos salarios. No genera I+D, con lo cual no aporta nada en términos de crecimiento productivo, más allá del que surge de gran “gasto humano” en forma de largas jornadas y de sus obligadas consecuencias reflejadas en la escalofriante siniestralidad laboral. Vamos a un promedio de un muerto cada 3 días.

La capacidad de generar (socialmente hablando) riqueza es nula. Más bien, crea pobreza. Este modelo, asociado gracias a las disposiciones fiscales del Ministerio de Economía a la compra de vivienda, que no a su alquiler, ha hecho que la inmensa mayoría de la sociedad deba “hipotecar” una cantidad superior al 50% de sus ingresos familiares por un periodo cercano al de una vida laboral. O lo que es lo mismo, reducir su ya corta capacidad de consumo en función de la importante cantidad de dinero corriente que debe destinar a cubrir esta necesidad básica a lo largo de su vida. Pero es que, además, muchas personas no llegan a poder acceder a una vivienda. Construir casas y el derecho a vivienda son dos cosas muy distintas.

El ladrillismo es un modelo injusto y muy favorable al capital financiero (bancos) y resto de sectores más parásitos (rentistas) del capitalismo español, poniendo en sus manos un volumen de capital cada vez mayor (la parte fundamental de la riqueza del país ahora y durante 25 años). Un modelo que por su capacidad de depredación y degradación voraz del entorno, del conjunto del espacio, es no ya sólo insostenible, sino ciego en relación a cualquier perspectiva de futuro.


LA IZQUIERDA FALLA

Todo el mundo señala que si bien la victoria de Zapatero significó ciertos cambios en la política española, dónde menos ésta se modificó fue precisamente en el campo de la economía. No sólo el Ministro del ramo es un confeso defensor de los postulados más socialiberales, sino que las palancas fundamentales del crecimiento español siguieron residenciadas en ladrillo y turismo.

Probablemente, gobernar y tener el poder nunca fueron bajo la burguesía exactamente la misma cosa. Hoy esa sensación es, si cabe, más clara. El ladrillo, con los bancos y las constructoras a la cabeza, maneja una cantidad de capital presente y futuro que transforma a sus principales accionistas en una de las facciones más poderosas del capitalismo español. Avanza la idea de que nosotros votamos, pero son ellos quienes mandan. En la globalización, la capacidad de las grandes empresas y fortunas de domeñar la política y a los gobiernos se ha hecho proverbial, máxime por la reducción sin fondo del lugar del Estado y del sector público en todo el mundo.

No separarse del modelo, seguir haciendo de la edificación o de la venta de suelo público la base de muchas cosas, inclusive el enjuague del déficit de las administraciones locales, es caer de cuatro patas en el meollo del problema. Sin romper con un modelo que expande y protege la corrupción, el del ladrillo, no podremos reducir la corrupción de una manera significativa, ni promover políticas serias de izquierda.

Ejemplos como el de Ciempozuelos ilustran de manera paradigmática esa falta de separación a la que hacíamos referencia y lo chato de la política social del PSOE local. El plan en este pueblo madrileño de cerca de 15 mil habitantes fue redactado bajo mayoría PP y a través de la empresa del cesado Director General de vivienda, Enrique Porto, también del PP. Llegaron las elecciones municipales, y ganó el PSOE, que hizo suyo el objetivo urbanístico. Continuismo en los planes de futuro sobre la localidad y en su forma de desarrollo. Mejoró algo en la parte social y de servicios, pero el fondo era del PP y con él, la obligada “coima”. Ahora, lógicamente, los populares esperan cerrar el círculo y volver a controlar el consistorio tras la forzosa renuncia del alcalde del PSOE sobornado.

La incapacidad manifestada por la izquierda a la hora de levantar un modelo alternativo de crecimiento se refuerza por una desarmante corrupción que la acaba afectando a toda en su conjunto, no sólo a la más derechista. Recordemos que el PP logró sacarle rédito de gobierno a aquello que “sus” constructores le habían organizado. Tamayo y Saéz vendieron su voto a cambio de dinero forzando unas elecciones anticipadas y extraordinarias que dieron paso al gobierno más ladrillista y reaccionario de toda la historia autonómica. IU mantuvo sus resultados, pero no capitalizó la pérdida del PSOE.


LAS FINANZAS MUNICIPALES

Otra de las causas fundamentales que explican los fuertes asideros del ladrillo se halla en la dura realidad local. Los ayuntamientos, que en su inmensa mayoría tienen presupuestos más pequeños que las cuentas de resultados de más de una constructora, deben “rendirse o enfrentarse” a las embestidas de los grandes propietarios de tierra amparados en la reaccionaria ley del suelo. Si deciden lo segundo, la falta de verdaderos instrumentos legales que se lo permitan dificulta sobremanera el esfuerzo. Pero, además, los consistorios deben hacer frente a un montón de gastos “impropios” que, en un principio, corresponden a otras instituciones estatales. Por ejemplo: ciertas prestaciones sociales, vivienda, promoción y orientación en el empleo, asistencia a la inmigración. Gastos que representan alrededor del 37% de sus dispendios y que hay que sumar a los propios de la hacienda local. El dinero para todo ello no existiría, si se contara solamente con los fondos que los consistorios reciben del Estado. Fondos que dentro de la estructura de gasto público representan únicamente el 13% del total de la misma.

Medido en gasto público, el conjunto de servicios que presentan los municipios se eleva a más del 35% del total de dicho gasto. Para llenar la diferencia de más de 22 puntos que existe, los ayuntamientos deben “buscarse la vida”. Vender suelo es la forma más concreta y generalizada de estabilizar las finanzas municipales. Añádase a ello que, para vender suelo, hace falta el beneplácito de todas las Administraciones. Sin ese resto de instancias, nada podría venderse. Así, los ayuntamientos se vuelven víctimas y agentes de una burbuja que los coloca, en caso de querer hacer una política social, contra las cuerdas.

La obligada descentralización de servicios y la cercanía de su prestador al ciudadano, elementos básicos de cualquier democracia, se han transformado bajo la égida globalizadora que impregna toda la política en una nueva vuelta de tuerca a favor de los postulados más neoliberales. Así, se transfieren o reconocen competencias, pero no se pasa a la par el dinero que las debe hacer posibles.


¿CÓMO ESCAPAR DEL LABERINTO?

El PP afirma que todo es un problema del PSOE. En el propio PSOE y en la propia derecha, diversos sectores levantan voces a favor de reducir las competencias que en este campo tienen los municipios, al ser, dicen, los únicos “focos de la corrupción”. Oficialmente, el PSOE e IU piden, desde ópticas diferentes pero no contrarias, pactos contra la corrupción que incluyan, de una u otra manera, en el problema las causas disparadoras de los “pelotazos”, el impulso para la acción de los corruptores.

Cualquier salida que aborde el problema con la radicalidad que se merece debe concluir que la única forma segura de salir del pozo que genera la corrupción es deshacerse del capitalismo. Al capitalismo le son consustanciales el ventajismo, el dinero negro y la corrupción. Un sistema que necesita paraísos fiscales para funcionar con “normalidad” como pueden ser Andorra o Gibraltar demuestra que la limpieza no es lo suyo.

“Romper la lógica del ladrillo” exige, por lo menos, medidas en tres campos: en el de la propia corrupción, en el de la política de vivienda y en el de las finanzas municipales.

La corrupción, para actuar, necesita oscuridad, poca transparencia, ciudadanía desorganizada y con pocos derechos. La obligatoriedad de defender la participación y un dictamen forzoso a la par que vinculante de los vecinos y de sus entidades (sindicales, vecinales y asociativas) sería un paso importante contra la tiniebla. Nada impide hoy que un ayuntamiento organice un proceso así para aprobar sus planes urbanísticos.

Paralelamente, la definición de una carta de “derechos de ciudadanía” que estableciese las garantías mínimas de todos los ciudadanos por el hecho de estar empadronados, incluyendo en ello la sostenibilidad, forzaría cambios en la construcción. Garantizaría servicios, vivienda en alquiler en cantidad suficiente, perseguiría la vivienda vacía, obligaría a buenas dotaciones y coadyuvaría a favor de criterios más sociales.

La izquierda, sobre todo la más transformadora, necesita para vivir una ciudadanía organizada. La organización sistemática desde los equipos municipales de elementos de democracia participativa, empezando por el debate de los propios presupuestos municipales y el consiguiente destino de sus partidas y montos, sería no sólo una escuela, sino el mejor camino contra la corrupción. Limpieza y ética son básicas, pero lo más honrado para la izquierda es reconocer que necesita potentes organizaciones sociales para poder avanzar en sus propuestas. La derecha no necesita la organización de la gente modesta, de la población trabajadora. Sus grandes conglomerados empresariales son su organización. Con ellos dirige la sociedad e intenta dominar toda la política. Nosotros sólo tenemos por capital nuestra capacidad de organizar. No usarla a fondo, nos debilita y nos deja a merced de los poderosos.

La acción de cualquier gobierno municipal será más útil, cuanto más sirva para organizar y dar voz potente a los que la tenemos capitidisminuida, los trabajadores y el resto de sectores oprimidos.

El otro gran y falaz asidero de la corrupción es la necesidad de vivienda. Demostrado ya por la fuerza de las cosas que construcción, por muy grande que sea el volumen de su negocio, no es lo mismo que derecho a la vivienda, los poderes públicos, apoyados en la población, deben defender medidas serias contra, por ejemplo, las más de 300 mil viviendas desocupadas que hay en Madrid. Empezando por el IBI y siguiendo por medidas contundentes a favor del alquiler. Sólo garantizando el acceso de todos a la vivienda, garantizamos el derecho a la misma.

Para empezar, tal y como reclamó la asamblea del encuentro de movimientos sociales de Madrid celebrada esta primavera, deberían paralizarse todos los planes de urbanismo y revisarse a fondo. Seguidamente, deberían cumplirse las medidas autonómicas que formalmente obligan a reservar un 50% de la vivienda a vivienda social.

Por último, la declaración y protección del suelo como bien público, por encima de su propiedad, impediría en gran medida su mal uso actual a favor de la especulación salvaje y en contra de otros empleos productivos asociados, pongamos por caso, al tejido industrial y social. Ahora bien, no ofrece duda que nada de ello será posible, si no echamos atrás la ley del suelo del PP, amparo de primer orden para el pelotazo especulativo ladrillista.

Es obligada una mención sobre el ahogo presupuestario que sufren los ayuntamientos y que exige no arrebatarles autonomía, sino reforzarlos como elementos clave para la ciudadanía. Evidentemente, hay que cambiar la ley de Régimen Local y dotar de recursos a los ayuntamientos. Sin tantos problemas presupuestarios, los consistorios serían más fuertes ante el ladrillo. Pero ese hecho no impide que hoy, a pesar de todos los límites, se pueda usar la “fuerza municipal” para reforzar esa soberanía y autonomía locales animando, amparando y organizando a la ciudadanía. Potenciando su participación.

Las dificultades que en muchos casos encuentra la izquierda para mantener limpios y éticamente aceptables los usos municipales ante la voracidad del capital, hace que ésta se olvide con demasiada frecuencia en su gestión de que la mejor garantía de limpieza y ética es una ciudadanía organizada.

Carlos Girbau es coordinador del Foro Social de Madrid

28.10.06

La globalización de la utopía

Mario Roberto Morales

La Insignia. Guatemala, octubre de 2006.

Se dice que la humana pretensión de ser feliz pasa por el sueño de serlo en compañía, y que por sabido se calla que uno no puede estar completamente bien en soledad, pues el bienestar sólo se alcanza plenamente si el prójimo lo comparte. Este razonamiento dio origen al axioma según el cual la lucha por la propia felicidad pasa necesariamente por la lucha por la felicidad colectiva. Cierto o no, este fue el trasfondo moral que inspiró la lucha por el socialismo (al menos en las bases militantes ingenuas y poco versadas en las negras sutilezas de la práctica política profesional), y también el principio que en nuestras latitudes tórridas vinculó esta lucha con los Evangelios.

Por ello, el socialismo se planteó como el Reino de los Cielos en la Tierra y como la solución de todos los problemas humanos vía la solución de todos los problemas económicos. Pero en la práctica, el experimento socialista en general no solucionó ni el problema económico ni mucho menos el resto de problemas humanos. Aunque sí intentó hacerlo, y obtuvo logros trascendentales. Tropezó, claro, con el escollo de siempre: las pasiones, los egoísmos, las gulas, las envidias, en fin, los defectos de personalidad o síntomas neuróticos o pecados capitales, como quiera llamárseles, propios de los humanos. Y nunca articuló una estrategia para atacar esto. Nunca se escribió una "Dialéctica de los sentimientos", por ejemplo. El amor fue subordinado a su base fisiológica y la izquierda intelectual se preocupó más de lo que comía para hacer el amor, que de cómo lo hacía.

Con todo, la pretensión de construir la felicidad colectiva con las propias fuerzas humanas por medio de un proyecto económico y político popular ha sido el sueño terrenal más audaz, la quijotada más hermosa emprendida nunca por la humanidad. Y, aunque este esfuerzo no tuvo el desenlace soñado puesto que no se instauró el socialismo (léase la felicidad) en el mundo, si hizo que en la actualidad la combinación de mecanismos económicos, políticos e ideológicos del socialismo (real y teórico) sean elemento básico del "tercer sistema" que seguramente se irá perfilando para el futuro, junto con los mecanismos capitalistas que han demostrado alguna efectividad no deshumanizante.

Pero ¿cómo lograr que las implacables leyes del mercado no deshumanicen la producción, la circulación y el consumo de mercancías? ¿Cómo lograr que la humanidad no se cosifique en el trabajo enajenado? Aquí, las Tesis sobre Fehuerbach y en general los escritos del joven Marx, como los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844 pueden servir al pelo. Y cómo hubieran servido al socialismo real para que la Perestroika no se le desbordara. No se puede vivir sin ideologías, pues no se puede vivir sin religiosidades, preferencias estéticas, ideales políticos y sueños. Por ello, el anhelo del bienestar colectivo, de una humanidad humanizada, seguirá siendo un ideal que buscará encarnaciones políticas diversas, y como fuera del socialismo no hay otro planteamiento que tome en cuenta como sujetos de la acción política a "los condenados de la tierra", el socialismo -esta vez despojado de Stalins, Ceacescus y Pol Pots- seguirá siendo la utopía que inspire la lucha de la humanidad en su terco compromiso con la felicidad global.

La globalización de la felicidad o de la lucha por alcanzarla pasa por el ideal socialista. La lucha ecológica es global y su solución tiene que ser global porque el esmog mata por igual a burgueses y a proletarios. Igual cosa ocurre con la lucha de las mujeres y con las luchas étnicas, que tienen un eje clasista. Los problemas de todos reclaman soluciones para todos. De modo que la globalización alcanzó ya también a la lucha política de las mayorías por su bienestar y su felicidad. Y es así que un nuevo socialismo -que tomará en cuenta los sentimientos- despunta ya, en quienes no se doblegan, en medio de la desesperanza. Por ello, como manda el I-Ching, actuemos con paciencia y perseverancia, en vista de que "nunca es más oscuro que cuando empieza a amanecer".

Sirva esta exhortación sentimental para subirle el ánimo a la "izquierda arrepentida": esa que se expresa en estos términos: "Veinticinco años de militancia para nada; no me voy a jubilar nunca; se me estafó la vida; el Kremlin nos traicionó; soy un fracaso; le aposté al caballo perdedor…" La izquierda arrepentida es muy proclive a bailar al son que le tocan porque está "decepcionada" como novia burlada frente al altar, y es capaz de todo por despecho. De modo que, arrepentidos aparte, concentrémonos en los incontaminados por el pasado sectario y verticalista y por la doble moral de izquierdas y derechas, y ofrezcámosles el camino de la lucha por el bienestar y la felicidad personal pero como parte indisoluble del bienestar y la felicidad colectivos. Como parte de la globalización, ahora tan de moda...

Guatemala, 14 de agosto de 1992.

24.10.06

DEBATE // MEMORIA HISTÓRICA

La ‘Transición’ y la ley de la vergüenza

OCTAVIO ALBEROLA, Periodista, historiador, miembro del MLE en la clandestinidad antifranquista y del grupo por la reapertura del Caso Granado y Delgado
El anteproyecto de ley sobre Memoria Histórica presentado el 28 de julio ha generado un enorme rechazo entre las asociaciones afines al bando derrotado en la Guerra Civil. La ley perpetúa la impunidad legal al no anular las sentencias judiciales franquistas; equipara los dos bandos, obviando que uno de ellos era el popularmente elegido; y no entra en el tema de las fosas comunes. Reproducimos una valoración sobre dicho proyecto.
















Franco se jactó de dejar todo “atado y bien atado”, y, de cierta manera, los acontecimientos posteriores parecen haberle dado razón. No sólo la “Transición a la democracia” se hizo en el marco de la legalidad definida por las Leyes fundamentales del régimen franquista sino que en ningún momento esta ‘legalidad’ ha sido puesta en causa institucionalmente.

La llamada “Transición” fue un conciliábulo entre un grupo de jerarcas franquistas (forzados a aceptar la Democracia para que España pudiese entrar plenamente en la Europa del Mercado Común) y otro de dirigentes de la oposición antifranquista institucional (incapaces de exigir y menos de imponer un verdadero cambio de régimen). Por ello esta transacción (“Transición”) produjo una Democracia “bien atada”, sin ruptura institucional con el franquismo, y una vergonzosa amnesia histórica oficial, que aún continúa, para que los crímenes del franquismo quedasen impunes.


Tesis dudosa

Pero lo más vergonzoso de esta transacción (“Transición”) no es que haya garantizado la total impunidad a los responsables de esos crímenes sino que haya mantenido la tesis de la “imposibilidad” de rehabilitar jurídicamente a las víctimas de la represión franquista. Una ‘tesis’ según la cual no se puede anular las sentencias pronunciadas por los tribunales represivos de la dictadura porque la Constitución de 1978 no es retroactiva... Una curiosa ‘tesis’ que ya sirvió para denegar el Recurso de revisión del dirigente comunista Julián Grimau, sentenciado y fusilado en 1963, presentada por su viuda durante la última gestión gubernamental de Felipe González.

Esta falta de ‘voluntad’, moral y política, para obligar a la justicia de la democracia a respetar las normas del Estado de Derecho que pretende ser y a no validar los juicios en los que no estaban garantizados las normas y derechos procesales, ha caracterizado a todos los gobiernos que se han sucedido desde que se aprobó la actual Constitución, y es la mayor vergüenza y deshonor de la democracia que se pretende haber instaurado desde entonces. Vergüenza y deshonor que continúan, puesto que los tribunales de la justicia ‘democrática’ siguen negándose a revisar los juicios de los tribunales represivos de la ‘justicia’ franquista con el cínico pretexto de que fueron realizados “en conformidad con la legalidad de la época”. Una legalidad responsable de miles de asesinatos legales y de la permanente violación de las normas jurídicas fundamentales del Estado de Derecho que los promotores de la “Transición” pretendieron restablecer.

Una vergüenza y deshonor que continuarán si el Proyecto de ley, elaborado por la Comisión Interministerial de Memoria Histórica y presentado por el gobierno Zapatero, es aprobado; puesto que no contempla la rehabilitación jurídica de las víctimas de la represión franquista. Y ello pese a que la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, lo había prometido públicamente en 2004 al anunciar, a la prensa, los objetivos de esa Comisión Interministerial.


Decepción

La verdad es que, a pesar de pretender reconocer y ampliar “derechos” y establecer “medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”, y de promover “su reparación moral y la recuperación de su memoria personal y familiar” y adoptar “medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre los ciudadanos”, este proyecto de ley ha decepcionado... Y no sólo por no permitir la rehabilitación jurídica de las víctimas de la represión franquista sino también por desconsiderarlas e injuriarlas: al equiparar a los que luchaban, durante la guerra y después, por “los principios, valores y libertades” que hoy son constitucionales con los que durante más de 40 años no permitieron su vigencia en España.

Los redactores del Proyecto “justifican” tal equiparación, entre víctimas, para “fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones de españoles”; pero es una cínica burla tratarlas en plano de igualdad, pues “olvidan” que las franquistas tuvieron ya suficiente reconocimiento institucional y material durante todos los años que duró la Dictadura.
Ciertamente, la equiparación entre las víctimas de ambos bandos se ha vuelto, desde hace algunos años, en el leitmotiv “ético” de cuantos hablan de la guerra civil como de un “drama” que terminó, 40 años más tarde, cuando quienes hicieron la transición “se reconciliaron para recuperar las libertades...”. La guerra civil sería pues solamente un “episodio lamentable...” y de ahí la “ocurrencia” de un ministro socialista de hacer desfilar juntos -hace un par de años- a un fascista de la División Azul y a un antifascista español de la División Leclerc, y que, 70 años después de la sublevación militar contra las instituciones de la II República, el Gobierno socialista no lo haya recordado... Al contrario, siguiendo la pauta marcada ya por el Gobierno de Felipe González en ocasión del cincuentenario de la insurrección militar (cuando afirmó que “una guerra civil no es un acontecimiento conmemorable”), el Gobierno de Zapatero ha seguido ocultando la verdad histórica.


Ilusiones

Pero las polémicas desatadas estos últimos años han demostrado lo infundado de la pretensión de relegar la investigación del pasado a los especialistas de la historia. Una espúrea pretensión que el gobierno de Felipe González había explicitado descaradamente en un comunicado declarando que el conflicto de 1936 era “definitivamente historia” y que “no tiene ya -ni debe tenerla- presencia viva” en la sociedad española contemporánea, y en el que el homenaje a los defensores de las instituciones republicanas frente al golpe de Estado pretoriano se veía matizado por un recordatorio respetuoso para “quienes, desde posiciones distintas a la España democrática, lucharon por una sociedad diferente a la que también muchos sacrificaron su propia existencia”.

Esta ilusión-pretensión, de que el alejamiento del 18 de julio de 1936 en el tiempo sellase “definitivamente la reconciliación de los españoles”, no se ha realizado. Y no sólo por la invariable “convicción” de la derecha más reaccionaria y del PP en seguir considerándose los “vencedores” sino, sobre todo, por su cicatera oposición a condenar al régimen franquista y a rehabilitar, moral y jurídicamente, a los “vencidos” y represaliados por la dictadura franquista. Por ello es inaceptable que Zapatero y los socialistas hayan preferido congraciarse con el PP a hacer justicia a los que sufrieron represión por luchar contra esa Dictadura. Es pues un deber moral y político decirlo.

16.10.06

Los beneficios económicos de la inmigración en España

Guillermo Oglietti*

http://www.sinpermiso.com. 15/10/06

“La percepción que habitualmente se tiene de la inmigración como parasitaria debe corregirse drásticamente, porque es lo cierto que quienes reciben más que lo que aportan no son los inmigrantes”

España se ha convertido, por primera vez en su historia moderna, en país receptor de un importante caudal inmigratorio. La dimensión que está alcanzando el fenómeno, con unos 4 millones de inmigrantes en 2005 resulta curiosamente similar a los casi 4 millones de parados que en 1994 alarmaban la opinión pública. Esta cifra, que representa el 9,3% de la población, maquilla proporciones muy notables en algunos segmentos (el 25% de los trabajadores de la hostelería, el 30% de la población de 30 a 34 años en Baleares, o el 79% de las empleadas domésticas de Madrid), garantizando que la inmigración será uno de los grandes temas de la próxima década.

La necesidad de inmigrantes es tal, que de no contar con su contribución a la oferta de trabajo, la tasa de paro habría sido negativa. Además, las previsiones señalan (Oliver) que en los próximos 15 años la cantidad de inmigrantes podría doblarse o más porque el mercado de trabajo necesitará unos 6 millones para cubrir el desplome demográfico de los españoles. En efecto, los niños que ahora tienen menos de 15 años, 6,4 millones, no alcanzarán a reemplazar dentro de 15 años a quienes ahora tienen entre 16 y 31 años, 8,5 millones. Además, parte de la nutrida cohorte de babyboomers que ahora tienen entre 30 y 44 años comenzará a salir del mercado de trabajo en esta etapa.

Por lo tanto, el verdadero ‘efecto llamada’ es la fortaleza del mercado de trabajo español. En la última década el empleo está creciendo al fuerte ritmo de 4,2% anual, una trayectoria incompatible con el crecimiento vegetativo de la población, de apenas 0,23%. También lo sugiere así el caso irlandés, país que, secundado por España, lideró el ranking de crecimiento del PIB de la UE-15 en la última década. Irlanda tiene un ‘efecto llamada’ semejante al español: a principios de los 90 revirtió la emigración de sus ciudadanos, y comenzó a ser un país de destino, al punto que en estos pocos años acumula unos 400.000 inmigrantes, casi el 10% de su población. Visto así, quedan pocas alternativas: recurrir a la inmigración, estimular la fertilidad de los españoles o frenar el crecimiento.

El debate sobre la inmigración no debe circunscribirse al egoísta punto de vista de si el mercado de trabajo los necesita o no. ¡ Puede ser más egoísta todavía si se incluyen todos los beneficios que la inmigración genera en el país que la recibe ! Como sobre este tema España tiene poca experiencia, conviene recurrir a la de países que la tienen, en especial, EEUU, país formado por inmigrantes que goza de una amplia experiencia en el análisis del impacto económico de la inmigración. Las investigaciones son bastante concluyentes: ¡ A corto o mediano plazo la inmigración mejora las condiciones económicas de la población nativa, aumenta la productividad del trabajo, e incluso puede aumentar el ritmo de crecimiento de largo plazo! Los canales por los que se produce este resultado son incontables (a menudo contradicen los prejuicios de la opinión pública), y vale la pena reseñar algunos que parecen especialmente aplicables al caso de España.


¿Caída salarial?

El argumento que considera más desfavorablemente la inmigración se basa en el impacto redistributivo, y da en este sencillo razonamiento: al disminuir el stock de capital por trabajador, aumenta la rentabilidad del capital y disminuye el salario. El efecto final es distributivo (Borjas), porque las pérdidas salariales de los trabajadores son más que compensadas por las ganancias de las empresas. Así, bajo este desfavorable argumento, la sociedad en conjunto sale beneficiada, pero a costa de una mayor desigualdad.

Pero este es un enfoque de corto plazo, porque no tiene en cuenta que el mismo proceso estimula la inversión (incluida la inmobiliaria) para recomponer la relación capital/trabajo, y a mediano plazo se recupera el producto por trabajador. De hecho, no se halla prueba empírica alguna de que la inmigración deprima los salarios reales. Por lo general, es altamente pro-cíclica, y las entradas se producen cuando la economía y los salarios están creciendo

También debe tenerse en cuenta que la mayor rentabilidad del capital provoca un aumento de su valoración (acciones e inmuebles), lo que también beneficia a la parte de los trabajadores –no despreciable en los países desarrollados—, que invierten su ahorro en acciones o en vivienda. El boom inmobiliario, atizado en parte por la propia demanda de los inmigrantes, ha beneficiado particularmente a los trabajadores españoles que destinan el grueso de su ahorro a adquirir la vivienda propia y salen beneficiados con su revalorización.

En resumen, sobre este impacto redistributivo “Los hechos observados sugieren que la inmigración ayudó a estimular el incremento del stock de capital y la relación capital-trabajo, gracias al aumento tanto de la oferta, como de la demanda de capital” (Carter y Sutch). Coincide con esto la constancia de que los inmigrantes son grandes ahorristas, porque procuran acortar la diferencia de riqueza con los nativos, especialmente inmobiliaria, lo más rápidamente posible.


¿Bajos salarios y menos productividad?

Suele argumentarse que la productividad de los inmigrantes es baja, incluso lo suficiente como para disminuir el producto per capita del país. Sin embargo, haciendo un sencillo cálculo basado en el hecho de que en España hay un trabajador por cada dos personas, para que el producto per capita cayese, sería necesario que la productividad del inmigrante fuera menor que la mitad de la del nativo, y esto no es así, especialmente si están regularizados. También se intenta demostrar que los inmigrantes son menos productivos porque, a igualdad de condiciones, reciben salarios más bajos que los nativos. Aquí conviene recordar que los salarios de los inmigrantes no reflejan toda su productividad, porque una parte de la misma va a parar a una plusvalía adicional de los empresarios que los contratan.

Es habitual que los inmigrantes tengan un nivel educativo superior al de la población nativa. En el caso de España, los registros mostraban, al menos hacia 2001, que la inmigración recibida se encuadraba dentro de esta regla (Manpower). Kuznets describió la ‘importación’ de capital humano como uno de los impactos positivos generados por la inmigración, beneficio que disfrutaron los países americanos en los inicios del siglo XX y les permitió ahorrarse el esfuerzo de educar a su propia población. Pero incluso si los inmigrantes tuviesen menos formación que los nativos, conviene recordar que el grueso del aporte de capital humano de la inmigración no proviene de la educación, sino de un factor muy difícil de medir, que es el ‘ánimo emprendedor’, el empuje, la voluntad que los angloparlantes resumen con el vocablo entrepreneurship. Éste es el atributo personal que explica la mayor parte del salario: lo sugiere ya el ánimo de los inmigrantes para desafiar las numerosas barreras, legales, geográficas y sociales, e incluso asumir los riesgos, a veces mortales, de la travesía; prueba de una tenacidad que sin duda explicaría un aumento salarial relevante si se lo permitiesen. Así lo confirman los resultados de EEUU, donde los inmigrantes tardan 5 años en alcanzar el nivel salarial de los nativos, y 10 años en superarlo. Además, puede agregarse que cualquiera que sea el nivel educativo del trabajador, para el país receptor no significó ningún costo generarlo. Lamentablemente, la otra cara del ánimo tenaz y de la educación gratuita que los inmigrantes entregan a la sociedad que los recibe es, sin duda, la mayor riqueza que se les resta a los países de origen.

Desde otro ángulo, suele argumentarse que sin inmigración las empresas estarían forzadas a aumentar la productividad para convalidar el aumento de los salarios. Al respecto conviene notar que la productividad también responde a la estructura productiva de cada país, y el marcado sesgo de España en actividades de servicios intensivas en empleo haría que fuese muy difícil lograr que la escasez de trabajadores se transformase en un aumento de la productividad. A juzgar por la experiencia del pasado, tiene más posibilidades de desencadenar una espiral inflacionaria, imposible de resolver sin que medie una devaluación o una recesión. El crecimiento de la productividad no es una consecuencia inevitable ni instantánea. No necesariamente ha de ocurrir, ni ha de ocurrir con rapidez. Ante una demanda de trabajo que excede con creces la oferta, como en el caso actual de España, seguramente el sistema productivo necesitará un cierto período de adaptación para elevar la productividad, y la inmigración ofrece una oportunidad de aliviar transitoriamente esta imposición del mercado de trabajo.


Mayor flexibilidad

Desde un ángulo estrictamente productivo, la inmigración es ‘oportuna’ porque está estrechamente sincronizada con el crecimiento de la economía y se dirige con precisión a los sectores y regiones que presentan la mayor demanda de trabajadores y la menor tasa de paro. No es habitual encontrar trabajos que incluyan la ‘oportunidad’ de la inmigración, pero si la inmigración no acudiese ahí, dónde y cuándo el mercado de trabajo la requiere, las presiones salariales en sectores y regiones puntuales podrían ahogar el estímulo inicial. Este fenómeno es relevante en la economía española caracterizada por estar relativamente cartelizada, de manera que las presiones salariales rápidamente desencadenan inflación. La inmigración ofrece una rápida y precisa herramienta para moderar la espiral inflacionaria porque contribuye a aliviar el exceso de demanda de trabajo, sin perjudicar el desarrollo del resto de sectores y regiones. Así, si bien la inmigración puede haber contenido el aumento salarial en el sector madrileño de la construcción, difícilmente se habrá traducido esa moderación en un menor incremento del salario real en el sector financiero de la ciudad, o de cualquier sector de Extremadura.

Si la economía está en pleno empleo y afronta un período de expansión, se requerirá un largo período de tiempo para que el crecimiento vegetativo suministre la oferta de trabajadores necesaria. La inmigración, en cambio, contribuye de manera inmediata. Aporta una ganancia de flexibilidad al sistema productivo, que le permite aprovechar las oportunidades de crecimiento que no necesariamente tendrían lugar recurriendo al crecimiento vegetativo.

También desde un ángulo productivo mejora la inmigración el ajuste en el mercado de trabajo entre el nivel educativo y la categoría de la posición laboral. Este fenómeno, también llamado ‘sobreeducación’, se reduce porque los inmigrantes ocupan los peores puestos de trabajo, empujando a los nativos hacia posiciones más acordes con su formación. El caso del servicio doméstico, que libera a la familia de cargas domésticas, es el ejemplo más palmario de este impacto pocas veces tenido en cuenta.

Además, es muy difícil cambiar la estructura productiva de un país, y si se desea cambiar el sesgo español en actividades de servicios empleo-intensivas de baja productividad, indudablemente será más difícil lograrlo si, además de las dificultades habituales, se sigue cargando con el lastre de un nivel salarial artificialmente elevado; es decir, alto por la escasez de trabajadores, y no por la productividad. La combinación de salarios altos con productividad baja no es nunca lo bastante duradera como para sustentar un modelo de crecimiento.


Auge de demanda

Especial atención debe prestarse al hecho de que la inmigración contribuye al crecimiento per capita aportando su propia demanda. Un reciente trabajo (Caixa Catalunya) señala que, sin inmigrantes, el crecimiento per capita de España podría haberse reducido a la mitad, o menos, del que efectivamente tuvo. Los 3,3 millones de inmigrantes que España recibió en los últimos 10 años representan una estratosférica expansión de la demanda de bienes de consumo y de inversión. La inmigración no solamente contribuye como fuerza de trabajo; también impulsa las ventas, estimulando la inversión y, posiblemente, un incremento de la productividad del trabajo gracias a la mayor escala de producción.

Este listado incompleto de impactos económicos de la inmigración solo intenta sugerir que, al contrario de lo que muchas veces se presupone, y al margen de que España los necesita por razones demográficas, es muy probable que la inmigración genere más beneficios a la población nativa –trabajadores y empresarios— de los que aquella recibirá de ésta. En esta perspectiva, mejorar las condiciones de acogida y facilitar la adaptación de los inmigrantes, más que un acto solidario, es un acto de reciprocidad en provecho propio. La percepción que habitualmente se tiene de la inmigración como parasitaria debe corregirse drásticamente, porque es lo cierto que quienes reciben más que lo que aportan no son los inmigrantes.


Bibliografía

* Borjas, G. J. (1994). “The Economics of Inmigration”, Journal of Economic Literature, 32.
* Caixa Catalunya (2006). “Razones demográficas del crecimiento del PIB per capita en España y la UE-15”, Informe semestral I/Economía Española y Contexto Internacional.
* Carter S.B. y Sucth R. (1997). “Historical Perspectives on the Economic Consequences of Immigration into the United States”. Historical Paper NBER WP Series, 106.
* Oliver J. (2006). España 2020: un mestizaje ineludible. Instituto de Estudios Autonómicos
* Oliver J. y Oglietti G. (2003). “La inmigración”. Índice laboral Manpower.
* Kuznets, S. (1971). “The Contribution of Inmigration to the Growth of Labor Force”. En The Reinterpretation of American Economic History, ed. R. W. Fogel y S. L. Engerman, Harper & Row, New York.

* Guillermo Oglietti es un economista argentino que trabaja en el centro de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona en el equipo de investigación dirigido por el catedrático Josep Oliver.

11.10.06

La generalización de la irresponsabilidad

Rafael Poch de Feliu

La Insignia*. China, octubre del 2006

La socialización de la destrucción masiva es la gran novedad de nuestro tiempo. Cambia aspectos esenciales en la diplomacia y las relaciones internacionales. La política de amenaza y agresión del pez grande contra el chico, por ejemplo, ya no puede pretender ser impune. Hasta países tan insignificantes como Corea del Norte tienen capacidad de respuesta. Y más allá de los estados, la capacidad "privada" de los subyugados, de los desesperados o de los criminales, de llevar a cabo grandes matanzas (la lección ignorada del 11-S neoyorquino) lo cambia todo. Ya no hay guerras ni hegemonismo sin riesgos. El mundo se convierte en un lugar inquietante e inseguro para todos, no solo para los de siempre.

La urgencia de detener la proliferación nuclear y de avanzar hacia la completa eliminación y prohibición de las armas de destrucción masiva es más clara y evidente que nunca. Esa perspectiva es muy difícil de realizar sin el ejemplo de los que hasta hace poco tenían el monopolio exclusivo de la destrucción masiva. El fin de la guerra fría, cuando la URSS de Gorbachov se puso en esa sintonía, fue una trágica ocasión perdida. En Occidente preferimos hacer ver que, simplemente, habíamos ganado otra guerra. Desde entonces, Washington ha sustituido rudimentos de no proliferación como el tratado ABM por un "vale todo". Se ha liberalizado la doctrina del primer uso del arma atómica (que hasta Chirac ha enunciado) y de su utilización preventiva en conflictos convencionales. Una especie de banalización.

Además, desde esa extraordinaria temeridad se pretende imponer una legalidad desigual y caprichosa. Según ella, Israel puede tener armas, pero no Irán, India y Pakistán pueden lanzar misiles y realizar pruebas sin cometer delito, pero no Corea del Norte. Los grandes creen que sólo ellos pueden ser irresponsables. Esa miopía nos conduce, directos, al escenario que Inmanuel Wallerstein considera como el más probable para el siglo XXI: un mundo de anarquía multipolar sacudido por graves fluctuaciones económicas.

Después de la primera guerra del Golfo, en 1991, cuando el secretario de Estado de Bush padre, James Baker, advirtió a Sadam Hussein contra tres conductas que merecerían una respuesta nuclear de Estados Unidos, el viceministro de defensa indio dijo que la conclusión de todo aquello era: "nunca negocies con Estados Unidos, a menos que tengas armas nucleares".

Después de la guerra fría, Yugoslavia, Irak y Afganistán pudieron ser atacados militarmente por carecer de armas nucleares. Irán quiere resolver ahora ese problema y el régimen norcoreano, ya lo ha hecho.

Según Hans M. Kristensen, de la Federación de Científicos Estadounidenses, Corea del Norte fue amenazada con armas nucleares tres veces durante la guerra fría (en 1950, 1953 y 1976, con Truman, Eisenhower y Nixon), y una vez después, en 1994, con Clinton. Más recientemente, la administración Bush la declaró parte del "eje del mal", un club de tres países que ya cuenta con dos invadidos desde que se acuñó el concepto. La política de la amenaza se ha complicado con la socialización de la destrucción masiva. Ver en la prueba norcoreana el problema de un régimen irracional e incomparable por su dureza, es no entender nada de la profunda lógica cavernícola que gobierna nuestra casa de locos global.

2.10.06

Europa, ¿primer mundo?

Frei Betto*

ALAI AMLATINA, 25/09/2006, Sao Paulo

¿Europa Occidental ya alcanzó el techo de su bienestar? ¿Cuál es el futuro de un viejo continente que ya no produce ciencia y tecnología y transfiere sus industrias a países pobres en que la mano de obra es más barata? La impresión es que Europa se estancó. Que sólo se preocupa por preservar su confort. Que perdió la ilusión de la utopía, el vigor intelectual, la densidad de la fe. ¿Qué se hizo de los valores cristianos en esa sociedad que exalta la competitividad por encima de la solidaridad, y que invierte millones en biogenética y cosméticos, indiferente al sufrimiento de cuatro mil millones de seres humanos que, según la ONU, viven por debajo de la línea de la pobreza?

¿Por qué causan tanto miedo los inmigrantes? ¿Son terroristas en potencia? ¿Quién colonizó sus tierras y chupó sus riquezas minerales y naturales, dejando tras de sí un rastro de miseria y dolor? ¿Por qué Europa Occidental mira a América latina a través de la óptica del prejuicio? ¿Chávez y Morales no fueron elegidos, como Lula, democráticamente? ¿Por qué ustedes, los europeos, no se levantan contra el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba y el uso de la base naval de Guantánamo como cárcel clandestina de supuestos terroristas?

¿Por qué los templos católicos europeos parecen acoger más turistas que fieles? El futuro del cristianismo ¿estará acaso en movimientos que exigen al fiel privarse de su conciencia crítica, abrazar el puritanismo y una espiritualidad típica de fermento fuera de la masa? ¿Por qué se movilizan tantos europeos contra enfermedades (sida, cáncer…), accidentes (de tránsito y de trabajo) y violencias (terrorismo, guerra, homicidios…), pero se muestran indiferentes ante el principal factor de muerte precoz, el hambre?

¿Por qué los europeos parecen preferir la seguridad a la libertad, y son tan condescendientes con la política agresiva del gobierno de los Estados Unidos, que busca la paz mediante la imposición por las armas? ¿Por qué no prefieren la propuesta de Isaías, de construir la paz como fruto de la justicia (32,17)?

¿Qué futuro desean los cristianos europeos para Europa y para el mundo? ¿El perfeccionamiento del sistema capitalista u “otro mundo posible”? ¿Qué signos se dan hoy de solidaridad efectiva de los cristianos europeos con los pobres de África, de Asia y de América Latina?

Raíces indígenas

Es un error considerar América a partir de los últimos 500 años. Más que los vestigios dejados por la colonización ibérica, es el pasado de Amerindia lo que mejor traduce nuestra identidad. Relegar al olvido las raíces indígenas de América es una manera cínica de tratar de encubrir el genocidio cometido por la empresa colonizadora. Si hay una realidad trágica en la que cabe emplear acertadamente el término “holocausto” es en América. Durante el primer siglo de la colonización fueron asesinados millones de indígenas. En nombre de la civilización y de la fe cristiana…

En el mensaje de los obispos del Brasil con ocasión de los 500 años de evangelización, ellos reconocen que “la nación brasileña no puede identificarse sólo con sus últimos 500 años de historia. Cuando llegaron aquí, los portugueses encontraron habitantes en estas tierras, una multiplicidad de pueblos, de orígenes y de lenguas diversas”.

“Los pueblos indígenas tuvieron una influencia importante y activa en la formación del pueblo brasileño, aunque ella sea poco conocida y reconocida por la mayoría de los brasileños de hoy, que aún a veces todavía mantienen una actitud despreciativa hacia los indios. Por el contrario, queremos recordar y reafirmar: hace ahora 500 años que el Evangelio de Jesucristo llegó a nuestras tierras. Pero ya había una presencia del Dios vivo entre los pueblos que habitaban aquí. El mensaje cristiano iluminó más claramente los signos de la presencia de Dios en las criaturas y reforzó, por la ley del amor fraterno, la conciencia moral y las virtudes tradicionales de los pueblos indígenas”.

“Mucho más graves que las dificultades que todavía hoy persisten en lo tocante al reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas son las violaciones de esos derechos realizadas por los “conquistadores” lusitanos, llegando al exterminio de una parte relevante de dichas poblaciones”.

El etnocentrismo europeo, todavía ahora, impide que América sea reconocida en su identidad, en su cultura, en sus valores. Hubo, desde luego, excepciones laudables, como Bartolomé de las Casas, Antonio de Montesinos, Pedro de Córdoba, Padre Vieira y otros. Pero la postura de éstos da la impresión de que es poco comprendida por los europeos y por aquellos que, en América, tienen una mentalidad europeizada.

En el siglo 16 Europa ya había asimilado a Aristóteles y, en efecto, había puesto fundamentos racionales a la teología (Tomás de Aquino) y a la política (Maquiavelo). Como todo punto de vista es la vista a partir de un punto, los europeos encararon su actuación en el Nuevo Continente mediante la óptica del prejuicio. No fueron capaces de captar la consistencia y la profundidad del saber indígena, las dimensiones teológica y pastoral de sus creencias, los avances civilizatorios (comparables a los europeos) de las comunidades urbanas. Lo diferente apareció como divergente, lo extraño como amenazador, lo inusitado como maldición. Hasta el punto de que los teólogos europeos se llegaron a preguntar si los indígenas tenían alma, para así justificar el genocidio (Ginés de Sepúlveda), pues se sabía que practicaban el canibalismo.

Ahora bien, en Francia, el día de San Bartolomé de 1572, Jean de Léry, que vivió en Brasil entre 1556 y 1558, presenció escenas de canibalismo que superaba lo que había visto entre nuestros indios. En su Histoire d’un voyage fait en la terre du Brasil, publicado en 1578, describe haber presenciado subastas, en Lyon y en Auxerre, donde se vendía el sebo humano y el corazón asado a las brasas de las víctimas protestantes del fundamentalismo católico…

Al menos la antropofagia de los indios era un ritual. Por lo cual escribe: “Lo que se practica entre nosotros… En buena y sana conciencia creo que exceden en crueldad a los salvajes… Entre otros actos de horrenda recordación, ¿no fue el sebo de las víctimas masacradas en Lyon mucho más bárbaramente que lo que hacían los salvajes, vendido en pública subasta y adjudicado al mejor postor? El hígado y el corazón, y otras partes del cuerpo de algunas personas, ¿no fueron comidos por furiosos asesinos, de lo que se horrorizan los infiernos? … No abominemos mucho, pues, de la crueldad de los salvajes antropófagos”.

¿Europa civilizada?

Se habla del atraso de América latina, de la pobreza que condena a una vida indigna a cerca de 200 millones de habitantes, de un total de 500 millones, de las masacres de campesinos en Guatemala y de los niños de la calle en Brasil. ¿Pero qué representa eso ante la mortandad de las dos grandes guerras mundiales, que tuvieron a Europa como escenario, el lastre de miseria y genocidio dejado por los europeos en sus excolonias de África, o las actuales relaciones comerciales injustas entre el Norte y el Sur del mundo?

No hay nadie más culto que otro, enseña Paulo Freire. Existen, sí, culturas distintas, paralelas y socialmente complementarias. El saber de un teólogo es un patrimonio tan importante como el de una cocinera. La diferencia está en que la escolaridad del primero le otorga una excelencia que el prejuicio social niega a la mujer de la cocina. Sin embargo es bueno recordar que ella es capaz de vivir sin el saber del teólogo, pero éste no sobrevive sin la cultura culinaria de ella…

Hay otro principio pedagógico que Europa no ha sido capaz de absorber: la cabeza piensa donde pisan los pies. O sea, el mismo ojo teológico no enfoca del mismo modo la misma realidad, si mantiene los pies en el mundo del colonizador o en el mundo del colonizado. Las Casas quizás no hubiera sido capaz de reconocer la dignidad de los indígenas si de adolescente no hubiese convivido en Sevilla con el indicito que su padre, piloto de Colón, le trajo como regalo del Caribe…

El eurocentrismo es la enfermedad senil de una cultura que se apartó de la realidad y, por tanto, cuyo universo está colocado por encima de la vida real. Fue en la Alemania de Kant, de Beethoven y Einstein donde Hitler encontró el caldo de cultivo que desembocó en las atrocidades del nazismo. Portugal tuvo a Salazar, Italia a Mussolini, España a Franco: todos ellos con las bendiciones cómplices de la Iglesia Católica. Y hoy, ¿puede decirse que Europa Occidental es el espacio por excelencia de la democracia? ¿Por qué Europa mira con tanta suspicacia a Cuba -cuyos avances en salud y en educación fueron elogiados por Juan Pablo II en su viaje de 1898-, así como a los gobiernos de Chávez, en Venezuela, y de Morales, en Bolivia, apoyados por una amplia mayoría de la población? Tony Blair, con su respaldo a la agresión imperialista de Bush -en Afganistán, en Irak y en el Líbano- ¿es ejemplo de democracia? Y la indiferencia de los gobiernos europeos ante el deterioro de las condiciones sociales, económicas y políticas de África, ¿es ejemplo de democracia? ¿Cómo hablar de democracia cuando los extranjeros son considerados intrusos y los musulmanes terroristas virtuales?

(Traducción de J. L. Burguet)

* Frei Betto es escritor, autor de “La Obra del Artista. Una visión holística del Universo”, entre otros libros.